Nada ni nadie actúa de forma independiente dentro de la experiencia personal. Las personas, situaciones y eventos reflejan fielmente los estados de conciencia asumidos. El mundo no juzga, no decide, no castiga ni premia. Simplemente muestra. Cambiar el reflejo requiere cambiar el estado que lo produce. Cuando esto se comprende, la culpa desaparece y surge la responsabilidad consciente.